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Kevin Carter: el peso de una fotografía

¿Qué pasaría si el precio por hacer una de las fotografías más famosas de la historia fuese tu propia vida? ¿La harías o retirarías el dedo del disparador en el último momento? Kevin Carter no dudó un segundo y disparó su cámara, sin pensar que esa imagen le llevaría a ganar el Pulitzer y también a acabar con su vida.

La fotografía de guerra es algo que siempre me ha impresionado. La frialdad profesional que se ha de tener para ser capaz de apuntar, enfocar, encuadrar y disparar en medio de un tiroteo me parece que es algo que está al alcance solo de algunos pocos. Y uno de esos pocos era Kevin Carter.

Nacido en 1960 en Johannesburgo, y comenzó su carrera con poco más de 20 años, haciendo reportajes sobre los disturbios raciales sucedidos en Soweto. Poco a poco sus fotografías cobraron popularidad entre los medios, y muy pronto se convirtió en uno de los reporteros de guerra más famosos de su época, formando parte del grupo de reporteros bélicos llamado Bang Bang Club, integrado por Kevin Carter, Greg Marinovich, Ken Oosterbroek y Joao Silva.

La guerra se convirtió en su trabajo y en su hogar. Los obturadores se sincronizaban con los disparos, y el sonido de los casquillos con el rebobinar de los carretes. Podría pensarse que lo más común es que un reportero de guerra muera en medio de un tiroteo, víctima de una bala perdida o de algún accidente, pero no fue este el caso de Kevin Carter

Tras viajar a la aldea de Ayod en 1993 para denunciar las condiciones en las que vivían sus habitantes, poco antes de marcharse, tendido sobre la arena, vio a un niño debilitado por el hambre acechado por un buitre. No lo dudo un instante: clavo la rodilla en el suelo, sacó la cámara, apuntó, enfocó, encuadró y click. Disparó. Y sin más, se fue. Poco después, esa imagen daba la vuelta al mundo como portada de la revista Time y haciéndole ganar el Pulitzer en 1994. Pero una pregunta hecha por todos los periodistas ensombrecía su éxito: “¿Qué le pasó al niño?”.

Superado por la presión de no haber ayudado al niño, y más afectado aún por la muerte de su colega Ken Oosterbroek, se sumió en una profunda depresión, llegando a aborrecer la foto hasta el punto de no poder ni verla. Sumido en el alcohol y la autodestrucción, finalmente se suicidó, dejando una carta en la que se declaraba harto del odio, la guerra, y el horror y diciendo que esperaba encontrarse con su amigo Ken allá donde fuese.

Kevin Carter nos dejó algunas de las fotografías más duras de la historia, consiguió hacer llegar a occidente el drama de la guerra civil en Sudáfrica y se implicó como pocos otros fotógrafos en su trabajo. Tanto, que finalmente, éste pudo con él.

Si queréis saber más…

escrito por cometelasopa

4 comentarios

  1. sommer

    sommer

    Historia conmovedora! muy bueno el articulo

    Hace alrededor de 2 años · marcar como spam
  2. jodidopanki

    jodidopanki

    Esta es una fotaza. Sin embargo, aunque lo que mostraba era la realidad de un pais, no mostraba la realidad del momento. Este niño, estaba en un centro de refugiados: http://www.elmundo.e(…)054483.html . Guapo el artículo.

    Hace alrededor de 2 años · marcar como spam
  3. lilithmoon

    lilithmoon

    Gracias por la aclaración @jodidopanki, es una historia realmente dura y conmovedora. Nos muestra la presión que puede hacer la prensa y sobretodo la opinión pública, que es especialista en hacer juicio y veredicto sin ningún tipo de pruebas. Un veredicto que puede acabar hundiendo o realzando a las personas sin ningún tipo de sentido. Y muy lamentablemente, nuestra sociedad es especialista en ello....

    Hace alrededor de 2 años · marcar como spam
  4. cometelasopa

    cometelasopa

    Gracias, me alegro de que os guste! Siempre me ha gustado bastante la figura de este tío, y sobre todo la película es muy recomendable.
    Hace alrededor de 2 años · marcar como spam